Breve arqueología del café histórico
Estadísticas del café dominicano como aparecen en el tratado de Lepelletier de Saint-Rémy
Para notar cómo evoluciona una economía, los indicadores nos muestran lo que ocurre en un momento determinado. El Banco Central produce estadísticas de enorme relevancia que deben leerse con sumo cuidado. Al analizarlas, el lector tiene claro que se debe de tener en cuenta el contexto histórico y en términos más plausibles, el pasado.
Desde hace mucho tiempo, los historiadores han contado con indicadores claros para diseccionar una época. Gracias a ello, podemos leer en Lepelletier de Saint-Rémy (Santo Domingo, estudio y solución de la cuestión haitiana, 1978) el número de productos que salían de las plantaciones. El historiador señala que en la colonia francesa se producía una amplia variedad de bienes, entre ellos aguardiente, campeche, añil y café. Sobre este último, Lepelletier ofrece datos de la exportación cafetalera en diversos países para el año 1843: Brasil, 77,000,000 kg; Java, 63,500,000; Cuba, 20,500,000; Haití, 17,250,000; Puerto Rico y La Guaira, 16,250,000; Indias Occidentales inglesas, 4,500,000; Ceilán, 3,000,000; colonias francesas, 1,750,000, para un total de 208,000,000 kg exportados desde los lugares de producción.
Las estadísticas manejadas por el historiador también hacen énfasis en el consumo de los distintos enclaves. Francia registró un consumo de 12,954,000 en 1841; 15,010,000 en 1842; y 14,530,000 en 1843. En Inglaterra, las cifras fueron 12,866,000 en 1841; 12,933,000 en 1842; y 13,581,000 en 1843. En el caso de Bélgica, se consignaron 14,761,000 en 1841; 24,337,000 en 1842; y 12,847,000 en 1843.
En una comunicación de julio de 2025, el gobernador Héctor Valdez Albizu informó a los miembros de la Asociación de Inversión Extranjera (ASIEX) que el IMAE correspondiente a mayo registró una expansión interanual de 3.1 %, superior al 1.7 % observado en abril. Asimismo, señaló que, conforme a las previsiones del Banco Central, al cierre de 2025 el PIB dominicano crecería entre 3.5 % y 4.0 %, con una inflación dentro del rango meta de 4 % ± 1 %, y un déficit de cuenta corriente inferior al 3 % del PIB, cubierto en su totalidad por la inversión extranjera directa.
Desde su escritorio de muchos temas, Lepelletier habría quedado asombrado por lo que puede lograr un banco central bien organizado. Lo mismo puede decirse de otras dependencias públicas que mantienen altos estándares de calidad en sus producciones estadísticas y contables. Se verifica de manera entusiasta, el Departamento de Programación Monetaria y Estudios Económicos del Banco Central.
El autor es mercadólogo, escritor y melómano nacido en 1974.