Los papeles de Epstein
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Los papeles de Epstein

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  • El poder no cae por exceso de secreto, sino por la rutina con que se ejerce

    El último caché de correos de Epstein, hecho público por el Departamento de Justicia de Estados Unidos en cumplimiento de una ley del Congreso, no trae grandes revelaciones, pero sí contexto. Y el contexto, casi siempre, resulta más perturbador. Asoman vanidades, temores y favores intercambiados sin pudor. Los mensajes recuerdan que las debilidades de los todopoderosos son idénticas a las del resto, con una diferencia decisiva: ellos concentran poder.

    La lectura aburre porque desmitifica. No hay un cerebro brillante moviendo hilos en la sombra, sino mediocridad bien resguardada. Todo está calculado, todo tiene excusa. El poder no ennoblece el vicio, más bien lo hace invisible. Cuando esa invisibilidad se institucionaliza, queda registrada en correos triviales, bromas privadas y silencios gestionados con disciplina.

    Ese entramado compacto de reputaciones, partidos, fundaciones y alfombras rojas recibe otra descarga de escándalo. La saturación opera como absolución: se protesta un día y se pasa página al siguiente. El non sequitur desaparece. No hay salto entre mensaje y consecuencia, sino una continuidad dócil. Cada correo es una renuncia mínima que, acumulada, termina por construir sistema. El archivo provoca escozor y deja una certeza incómoda. El poder no cae por exceso de secreto, sino por la rutina con que se ejerce.

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