Los amoríos de Emma
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Los amoríos de Emma

El mes de enero fue para Emma, como para la mayoría, un mes de apuros financieros, después del derroche decembrino.  Pero mi factótum es una optimista de profesión y se anima en febrero, pensando en el día de san Valentín. Yo me burlo de ella diciéndole que su tiempo ya paso, pero ella se encoge de hombros y me recuerda que tiene frescos en la memoria sus amores pasados, y ese día señalado es cuando su mente empieza a rememorar todos aquellos romances que la hicieron feliz. Definitivamente, mi cocinera y acompañante es muy especial, ella no espera flores ni bombones, solo quiere sentarse en el patio y concentrarse en aquellos tumultuosos amoríos que la llenaban de pasión y desenfreno.  Creo que los amores de Emma darían para un libro, o al menos un folleto, en alguna revista del corazón. Recuerdo que hace muchos años tenía un enamorado que solía recogerla en su moto. A mí se me encogía el alma pensando en la posibilidad de un accidente, pero ella era feliz con su motoconchista que la llevaba a beber cerveza y luego a hacer el amor de manera apasionada. El resultado fueron un par de mellizos, uno de los cuales murió en un accidente. Pero hubo otros, la picardía y buena disposición de mi factótum atraía a los mozos y ella tenía donde escoger. Yo nunca me opuse a sus devaneos, pero sí le pedía que se cuidara porque un montón de hijos le haría la vida imposible.  Emma me miraba de soslayo y me replicaba que yo no era precisamente la llamada a reclamarle, puesto que tenía seis criaturas, fruto de mis apasionadas relaciones con el patrón. En fin, Emma celebrará su san Valentín a su manera y yo recordare al patrón y le prenderé una velita. 

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