¿Se pueden “ganar” elecciones en las mesas?
Recientemente, un dirigente político declaró que su partido está entrenando a “cuchumil” militantes para que defiendan los votos en las mesas electorales, “donde es que se ganan los comicios”.. La afirmación, más que una estrategia, delata una resistencia a reconocer los profundos cambios introducidos en la calidad y transparencia del sistema electoral dominicano a partir del año 2020.. Durante largos períodos —desde 1966 hasta 1978 y, más tarde, a lo largo de las cinco gestiones del Partido de la Liberación Dominicana—, el sistema electoral fue manejado a discreción por los gobiernos de turno.. Ese control absoluto, ejercido por más de tres décadas, hizo metástasis el 16 de febrero de 2020, cuando un cortocircuito institucional desembocó en la suspensión de las elecciones municipales, luego de horas de votación y ante el estupor nacional.. Aquellos comicios fueron anulados por la firme determinación del hoy presidente Luis Abinader, quien advirtió que la única salida responsable era suspenderlos por completo.. El PLD, en cambio, propuso que las elecciones continuaran y que solo se suspendieran en los lugares donde las irregularidades —luego bautizadas como “errores técnicos”— habían escandalizado a electores, delegados y observadores nacionales e internacionales.. La razón de fondo era evidente: solo quienes controlaban todas las estructuras de la Junta Central Electoral conocían la verdadera magnitud de los “errores técnicos”, los montajes tecnológicos y los “resultados” que eventualmente se presentarían.. De aquella crisis política surgió, sin embargo, un consenso nacional. En los días, semanas y meses posteriores se acordó un conjunto de medidas que fortaleció —y amplió— los avances logrados previamente con las leyes Electoral y de Partidos Políticos, colocando la transparencia y la pulcritud como ejes centrales del proceso.. En la crisis que siguió a la suspensión de las elecciones municipales de 2020 se desmontaron los chanchullos que habían beneficiado durante años a la cúpula peledeísta, gracias al control del aparato que organizaba y juzgaba los comicios.. Fue ese entramado el que garantizó durante dos décadas el “ganar elecciones en las mesas”, apoyados en un menú de mañas importadas, incluso, con asesoría venezolana.. Pero se les fue la mano.. El consenso alcanzado entre partidos, sociedad civil y observadores nacionales e internacionales estableció múltiples salvaguardas: mayor transparencia desde la organización previa de los comicios, ampliación real del rol de los delegados políticos en todas las etapas del proceso y fortalecimiento del principio de consenso en las decisiones clave de la JCE.. Se dispuso la participación efectiva de los delegados en la verificación del material electoral; su presencia activa en mesas y juntas; la entrega obligatoria de copias de actas a todos los partidos; el escrutinio público, mesa por mesa, inmediatamente después del cierre de la votación; una publicación más detallada y oportuna de resultados desagregados; y la reducción de la dependencia tecnológica mediante la priorización de actas físicas.. Asimismo, se reforzó de manera significativa la observación electoral nacional e internacional, garantizando mayor acceso a los centros de votación, al escrutinio y a la transmisión de resultados.. Con todo ello quedó atrás la práctica de “ganar” elecciones en las mesas. Se garantizó la equidad y la justeza del sistema, razón por la cual las dos últimas elecciones generales, las de 2020 y 2024, no fueron impugnadas.. Aunque los beneficiarios de la vieja política, la del chanchullo y la trapisonda, no lo hayan internalizado y se resistan, la transparencia, legalidad y credibilidad de nuestras elecciones constituyen uno de los cambios estructurales más importantes introducidos durante la gestión del presidente Luis Abinader.