Alaska era de Rusia; Estados Unidos lo compró
Con toda la barahúnda que se ha armado desde que el presidente Trump dijo que quería comprar Groenlandia, recordé que cuando visité Alaska hace algunos años y, en Sitka, conocí la Catedral Ortodoxa Rusa San Miguel, (reproducción de la construcción de 1844), fue cuando me enteré que este territorio había sido colonia rusa. En 1867 la Rusia de los Zares lo puso en venta. Lo compró Estados Unidos por US$ 7.2 millones de dólares. En ese entonces era presidente Andrew Johnson. El dominio ruso duró 126 años. Empezó en 1799 cuando los rusos llegaron a la búsqueda de pieles de foca y de nutria, que luego vendían en China. Sitka, siendo territorio ruso, era, en la década de 1830, conocida como el París del Pacífico, por su estilo de vida disipada, del que disfrutaban principalmente los funcionarios de la empresa Russian American Company. Quizás no seamos conscientes de que, en esta zona, donde el estrecho de Bering separa territorio ruso de Estados Unidos, hay entre ambos una distancia tan corta que en varias ocasiones se ha hablado de construir puentes. ¿Se imaginan si esa compra no hubiese ocurrido cuál sería la actual geopolítica? No es que los antecedentes sobren, pero sí los hay. Vale conocerlos. Y que conste, no es que esté de acuerdo en que Estados Unidos compre Groenlandia, pero hay que conocer la historia, porque muchas veces se repite. Durante la Primera Guerra Mundial, el presidente Woodrow Wilson firmó, el 16 de enero de 1917, el tratado de la compra de las Islas Vírgenes (USA) a Dinamarca. Estados Unidos pagó 25,000,000 de dólares en monedas de oro. En aquel entonces, Alemania era el enemigo y se temía que invadiera Dinamarca. La compra de estas islas no fue asunto fácil, como la de Alaska. En este caso, llevó varios años de conversaciones, discusiones, plebiscitos, e incluso amenazas de ocupación. Al oeste del norte de Groenlandia está el archipiélago noruego de Svalbard. El problema, según señala un reportaje escrito por Jeffrey Gettleman y Sarah Hurtes, Louise, publicado por The New York Times y reproducido en el suplemento sabatino “Reportaje Internacional”, de Listín Diario, es que esta isla “se rige por un tratado único que data de la Primera Guerra Mundial y que permite a prácticamente cualquier persona establecerse allí, sin necesidad de visado”. Aunque “Noruega está presionando con mayor firmeza para afirmar su soberanía”. Noruega está adoptando medidas más duras para afirmar su soberanía y “repeler la influencia extranjera”. Estas medidas “forman parte de una nueva era de geopolítica agresiva, a medida que se intensifican el calentamiento del planeta y la lucha por los recursos, y que la pugna entre las grandes potencias llega hasta el Círculo Polar Ártico”.