Los presos con WIFI, y las autoridades sin señal
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Los presos con WIFI, y las autoridades sin señal

Luego de que las autoridades dominicanas negaran categóricamente la existencia de una red de fentanilo en el país, tuvo que llegar la DEA, como quien trae linterna ajena, para confirmar que sí, que existía, que operaba y que, para mayor ironía, era dirigida desde una cárcel dominicana por un preso. Porque aquí, cuando algo es grave, no lo investigamos: lo negamos hasta que alguien extranjero nos haga el favor de descubrirlo.. Durante meses, medios, periodistas y ciudadanos denunciaron la presencia de drogas sintéticas en el territorio. ¿Respuesta oficial? Silencio, indiferencia o negación. Pero bastó que la DEA actuara para que, de repente, todo fuera cierto. No era rumor, no era exageración: era realidad… solo que fuera del radar de quienes cobran por vigilarla.. Lo segundo, y quizás lo más absurdo, es que seguimos atrapados en ese desafío nacional que, como diría Anthony Santos, “ni el diablo ha podido con eso”: controlar a los presos. Porque en la República Dominicana, estar condenado no significa estar desconectado. Muy por el contrario: es, en muchos casos, tener mejor señal.. Desde celdas de pocos metros, algunos internos instalan internet, manejan múltiples celulares, colocan cámaras para vigilar a quienes los custodian y coordinan delitos como si estuvieran en una oficina corporativa. Todo esto ocurre bajo custodia estatal, lo que plantea una pregunta incómoda: ¿estamos ante fallas del sistema… o ante un sistema que funciona para quienes no debería?. Pero aquí viene la paradoja mayor. En las protestas de 2020 en la Plaza de la Bandera, las autoridades dominicanas desplegaron sofisticados equipos para impedir que los ciudadanos usaran internet y expresaran su malestar social contra el gobierno de turno. Es decir, tecnología hay. Capacidad también. Al parecer un ciudadanos libre y empoderado es más peligrosos que miles de sicarios, pedófilos o narcos dentro de nuestras cárceles. Lo que nos deja una conclusión inquietante: en este país, un ciudadano con voz resulta más peligroso que miles de criminales con WiFi dentro de una cárcel.. Aquí no solo fallan la prevención y la reacción; falla la lógica básica de autoridad. Porque cuando un preso gerencia una red internacional desde prisión la vaina es grande, el problema no es solo criminal: es institucional. Y cuando el Estado no actúa antes, ni durante, ni después, uno empieza a preguntarse si la frontera entre delincuencia y poder no se ha vuelto demasiado fina.. No se trata de pedir perfección, sino competencia. No se trata de milagros, sino de responsabilidad. Pero mientras sigamos esperando que agencias extranjeras nos confirmen lo que ya sabemos, seguiremos siendo un país donde el crimen innova más rápido que el Estado, y donde la negación es la política pública mejor ejecutada.. Porque aquí, lamentablemente, no solo el fentanilo entra sin permiso... En este país, el crimen tiene señal; la autoridad, excusas.

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