Hacia una confederación dominico-haitiana
Historia de los intentos federativos en el Caribe decimonónico
En efecto, Betances -destacado masón, activista revolucionario y principal ideólogo del Grito de Lares, propugnó en 1872 la unión de los pueblos del Caribe, al tiempo que enunció el siguiente manifiesto:
"Las Antillas atraviesan hoy por un momento que jamás han atravesado en la historia: se les plantea ahora la cuestión de ser o no ser. ¡Unámonos! ¡Amémonos! Formemos todos un solo pueblo; un pueblo de verdaderos masones, y entonces podremos elevar un templo sobre bases tan sólidas, que todas las fuerzas de la raza sajona y de la española reunidas no podrán sacudirlo; templo que dedicaremos a la Independencia, y en cuyo frontispicio grabaremos esta inscripción imperecedera como la Patria, que nos dictan a la vez nuestra ambición y nuestro corazón; la más generosa inteligencia y el más egoísta instinto de conservación: "Las Antillas para los antillanos".
Esa espléndida fórmula de una Confederación Antillana fue secundada por insignes próceres del nacionalismo caribeño, como Gregorio Luperón, Eugenio María de Hostos y José Martí, entre otros. Conviene subrayar que antes de que surgiera la tesis sobre la unidad antillana, y de que Betances acuñara su grito de guerra -remedo del lema "América para los americanos" derivado de la Doctrina Monroe-, en Haití se formuló una propuesta para concertar una Confederación dominico-haitiana.
De conformidad con la nueva modalidad, el emperador Soulouque envió a Santo Domingo al señor Máximo Raybaud, anterior cónsul de Francia en Haití, con la misión de convencer a la administración del general Pedro Santana sobre la conveniencia de suscribir un acuerdo para unificar los dos Estados bajo el manto de una confederación naturalmente controlada por Haití.
El presidente Santana -añade Moya Pons- consideró ofensiva la propuesta haitiana, no se molestó en responderla y consideró al señor Raybaud persona non grata, exigiéndole abandonar el territorio nacional. Sin embargo, la gestión del emisario haitiano alimentó en Santana y su grupo social el temor respecto de que Soulouque ciertamente planificaba otra campaña militar hacia la parte del este.
Por fortuna, en 1859 cambió la coyuntura política en Haití, sobrevino un gobierno liberal y republicano que replanteó la cuestión de la guerra y optó por una tregua temporal, aun cuando, en paralelo al viejo tema de la "unidad nacional", se continuó con el proyecto de la confederación dominico-haitiana.
Historiador y ensayista. Especialista en historia dominicana.