Síndrome del impostor
En algunos momentos se puede llegar a sentir que no se es suficiente, que no se puede hacer algo o no se tiene la capacidad para hacer cosas útiles y por lo mismo es muy incómodo sentirse bien cuando no se logra algún objetivo o meta. En esto radica el síndrome del impostor. Es sentir en carne propia la falsedad porque se cree imposible haber hecho algo que valga la pena, que no se alcanzará ese éxito laboral o académico, o en la incomodidad de recibir un elogio, algo que, además, es muy difícil de experimentar aunque no es imposible. Algunas señales de que se tiene el síndrome del impostor puede ser cuando constantemente se procrastina como una forma de huir del fracaso, otra puede ser cuando se busca el perfeccionismo al extremo por el pavor que puede causar cometer errores que podrían paralizar a alguien. Todas estas prácticas pueden afectar gravemente la salud mental por lo que hay que prestar especial atención a las señales para evitar que escalen y que frenen todo el potencial que se puede alcanzar. Uno de los pasos más importantes es aceptar y reconocer lo que se hace con pequeños pasos hasta que todo vuelva a la normalidad; afrontar sentimientos negativos no es recomendable porque en el momento en el que aparecen, es necesario recurrir a alguien que ayude a ver esas partes de uno mismo que no se pueden descubrir, o incluso considerar porque en los extremos más difíciles y complicados puede ser que nada de lo anterior funcione a simple vista. Y por último y no menos importante es celebrar los logros, incluso si es a pequeña escala. Has algo pequeño, pero grandioso para el yo interior: salir a comer tu comida favorita, ir al cine o compartir con los seres queridos. Eso puede ser la diferencia entre sentirse como un impostor o finalmente dejar de serlo.