Capital natural y sostenibilidad: “La inversión en conservación no es caritativa, no es un hobby bonito. Lo que no se valora ni se mide, no se puede gestionar”
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Capital natural y sostenibilidad: “La inversión en conservación no es caritativa, no es un hobby bonito. Lo que no se valora ni se mide, no se puede gestionar”

Se entiende y se promueve que el capital natural es imprescindible para un desarrollo sostenible y que, en el caso de República Dominicana, este desarrollo está muy vinculado al turismo y a la gestión de las áreas protegidas. ¿Por qué hace falta abordar el tema? ¿Por qué, en un país con una economía altamente dependiente de los recursos naturales como el nuestro, la inversión en conservación debe ser una prioridad? Lo explica en el Encuentro Verde de Listín Diario, con ese perfil de maestro consagrado que no duda en repetir la misma clase cuantas veces lo considere necesario, el doctor en Ciencias Económicas Víctor Gómez-Valenzuela. “El turismo es uno de los grandes motores de la economía dominicana. Es una industria exitosa. Contribuye con ingresos superiores a los 9,000 millones de dólares al año. Indudablemente es un motor de la economía, fuente de empleo y de divisas para el Estado dominicano y eso no se puede negar”, expresa el profesor investigador del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec). Ahora bien, dice, hay un dato que no se da a conocer mucho o que se conoce poco: ¿de qué depende el turismo?, ¿cuál es la base del turismo en República Dominicana? “Es el capital natural. Aproximadamente un cuarto, entre un 23 % y 25 % de los ingresos que genera el turismo en República Dominicana, proviene de servicios que proveen los ecosistemas”, sostiene Gómez-Valenzuela. Agrega que el valor promedio de la contribución al turismo dominicano de servicios ecosistémicos como los arrecifes, manglares, marismas y prados marinos gira en torno a los 1,800 millones de dólares al año. De estos servicios, el que más contribuye a la función de producción de turismo son los arrecifes. “De esos 1,800 millones, alrededor de 1,200 millones corresponden a servicios de turismo y recreación que proveen esos ecosistemas”, comparte el maestro dominicano. Señala que si la base material de uno de los motores de la industria dominicana son los ecosistemas, el esfuerzo para que esa industria sea sostenible a largo plazo no puede ser sobre la base de la depreciación del capital natural. “Es un contrasentido. Tengo que invertir más en restauración ecológica, tengo que invertir más en conservación si quiero asegurar que los ecosistemas que proveen servicios a la industria turística continúen haciéndolo”. La sostenibilidad va de eso, apunta el exviceministro de Ciencia y Tecnología: de entender que los activos del capital natural, los recursos renovables y no renovables, los servicios que proveen los ecosistemas tienen un costo y un valor económico. Gómez-Valenzuela publicó en 2025 el libro El capital natural de República Dominicana: en la encrucijada de la sostenibilidad (Ediciones Intec). Es también el autor principal de los estudios Hacia la sostenibilidad financiera del sistema nacional de áreas protegidas de la República Dominicana y ¿Cuál es el valor de los ecosistemas protegidos de la República Dominicana?, publicados en 2019. De modo integrado, como capital natural se refiere al “stock de los recursos naturales y al flujo de servicios provistos por los ecosistemas”. SERVICIOS INVISIBLES Y MODELO EXTRACTIVO Lamentablemente, sostiene Gómez-Valenzuela, muchos de los servicios que proveen los ecosistemas son invisibles y el mercado no les asigna precios. Y eso es un problema. Admite, pese a ello, que en República Dominicana se ha avanzado muchísimo en la comprensión del valor del capital natural. “En el libro estimamos ese valor en torno al 10 %, 12 % del Producto Interno Bruto (PIB) en valores de uso. O sea, ahí no entran los valores de no uso, que es otra dimensión que tiene que ver con ciertos intangibles a los que el mercado no le puede asignar precio fácilmente, como los servicios de regulación, por ejemplo”. Indica que se sabe que las áreas protegidas contribuyen en promedio con el 4,4 % del (PIB) en servicios que proveen los ecosistemas y que, de eso, el 80 % corresponde al servicio de provisión de agua. Pero ¿dónde nacen las cuencas hidrográficas que alimentan la producción agrícola y las hidroeléctricas en este país?, pregunta. “En las áreas protegidas. Desde el Yaque del Norte al río Yuna, todas nacen en áreas protegidas. Son servicios que provee la naturaleza, pero como no podemos monetizar de forma directa esos servicios, tomamos decisiones económicas que parecen eficientes pero que en realidad son destructivas, porque se basan en un modelo altamente extractivo de capital natural”. Por ello, resalta dos términos trabajados en el libro: la sostenibilidad fuerte y la sostenibilidad débil. “La sostenibilidad débil dice que ciertos activos del capital natural y ciertos servicios ecosistémicos se pueden sustituir con capital físico y con tecnología. La fuerte te dice que hay ciertos servicios que sustituirlos o es muy costoso hacerlo o no contamos con la tecnología ni el capital para ello. Por ejemplo, los servicios de regulación climática, la estabilidad climática, los servicios de protección de costas que nos ofrecen los manglares en las zonas hoteleras, los servicios de protección de costas contra la erosión… cuestan”. DESAFÍO. Gómez-Valenzuela apunta que un ejemplo de lo invisible que resultan ciertos servicios a los que, por tanto, se les asigna poco valor, es el caso de los polinizadores. “Sin polinización se pierde el 30 % de la producción de alimentos global. Pero no está visibilizado. Es un servicio invisible”. Así, asegura que parte del desafío que tienen economías altamente dependientes de los recursos naturales como República Dominicana es visibilizar la contribución que el capital natural hace a la economía. “Es valorar esos servicios ecosistémicos. Es entender su aporte e importancia. Por tanto, el desafío de la sostenibilidad no es anticonservación, es todo lo opuesto: es promover una manera de utilizar los recursos naturales que nos permita satisfacer los desafíos que tenemos en el presente pero al mismo tiempo le permita a las futuras generaciones hacer lo mismo. Es básicamente un modelo de inversión. Cuando no somos capaces de internalizar esos costos de los naturaleza, estamos consumiendo el futuro”. Ahí entra, asegura, cómo la valoración económica contribuye a garantizar la gestión de los recursos naturales. “No es que le estamos poniendo un precio a la naturaleza, pero nos permite visibilizar porque lo que no se valora ni se mide, no se puede gestionar. Si no puedo entender el valor que algo tiene, no lo puedo gestionar económicamente, no lo puedo incorporar en la toma de decisiones”. Insiste en que cuando se entiende que los arrecifes, los manglares y los pastos marinos son claves para el turismo y que contribuyen con cerca de una cuarta parte de los ingresos que genera el turismo en República Dominicana, la restauración de ecosistemas y la inversión en conservación se vuelven una prioridad. “Porque queremos que haya turismo, pero hay que cambiar la forma de abordar el turismo. No puede ser sobre el costo de la depreciación de activos de capital natural pura y simple. Gran parte del desafío que tenemos en República Dominicana es que nos olvidamos que los servicios que proveen los ecosistemas tienen un coste, que hay que invertir para que se provean esos servicios, que no son gratuitos; que la inversión en conservación no es caritativa, no es un hobby bonito. La inversión en conservación nos permite crear infraestructuras críticas naturales. Un manglar es una infraestructura natural, que si no lo tengo debo invertir millones de dólares para remediar los impactos que me genera la ausencia de una infraestrucutura natural. Entonces, tengo que comenzar a ver los recursos naturales y los servicios ambientales como infraestructuras críticas”. Y añade: “¿Cuánto nos cuesta a República Dominicana el cambio climático, la verdad climática, todos los años? ¿Cuando viene un temporal que se lleva un puente? ¿Cuando no hay un sistema resiliente de producción? Nos cuesta el 0,69 % del PIB en promedio. Cuando les ponemos estos números no es que estamos monetizando la naturaleza, estamos entendiendo el flujo de valor que viene de los servicios a la economía, y ya eso hace que la gestión sea racional. Lo que no puedo medir, no lo puedo gestionar”. PERFIL. Víctor Gómez-Valenzuela es antropólogo. Fue vicerrector de Investigación y Vinculación del Intec (2015-2021) y viceministro de Ciencia y Tecnología (2007-2009). Tiene un doctorado en Ciencias Económicas y maestrías en Economía Ambiental y en Estudios Sociales de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad. Por sus aportes a la investigación científica y a la educación superior dominicana, fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencia y Tecnología “Eugenio de Jesús Marcano” en 2024. Ha ejercido la docencia, la investigación y la consultoría internacional durante más de dos décadas. 

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